mujeres programadoras

Mujeres y tecnología, hacia el empoderamiento digital

¿Son los ordenadores y las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) un asunto de mujeres? ¿Pueden estas herramientas contribuir a la equidad de género y a la erradicación de las desigualdades? En el grupo cooperativo Tangente la respuesta es afirmativa y la apuesta es clara. Dos de sus entidades socias, Dabne. Tecnologías de la Información y Pandora Mirabilia. Género y Comunicación impulsan de manera continuada cursos y proyectos que invitan a mujeres a participar en procesos de capacitación y empoderamiento digital. El objetivo final: promover la autonomía de las mujeres en estos ámbitos.

“Lo que pretendemos es reducir la brecha digital y llevar a las mujeres a los espacios de prestigio de esta sociedad, como es el mundo de la tecnología”. Nos lo cuenta Margarita Padilla, socia de Dabne y docente en el taller Tecleadoras/programadoras, un curso enfocado a “conocer la práctica de la programación y su potencial transformador”. Para Padilla, la alfabetización digital empodera en sí misma a las personas, porque nuestra sociedad valora mucho la innovación tecnológica, y este es un campo “que debe ser normalizado y frecuentado también por las mujeres”.

Más allá de la brecha digital, la razón que mueve a Dabne desde hace más de 10 años a promover cursos con mujeres (de alfabetización digital, webs, programación) reside en los beneficios que éstos reportan a las mujeres a nivel individual y colectivo. Para Padilla, estos cursos “mejoran sus vidas porque las reconectan con el placer aprender. Las mujeres, que estamos demasiado conectadas con el trabajo práctico, lo que queremos es soñar, crear, imaginar mundos nuevos, disfrutar”.
Programar es, para Padilla, “una actividad gozosa y normal. No es tanto que yo sepa usar una tecnología que otros han decidido, sino que yo puedo hacer esas tecnologías”. En esta normalización de las tecnologías reside una razón de ser: una apuesta para que la programación y la gestión de la tecnología llegue también a la raíz de la educación, escuelas, colegios e institutos, para que “la programación o la robótica sea un juguete más”. Para que se entienda, al fin y al cabo, como un espacio importante de nuestra sociedad de la que tenemos que participar.

Por su parte, Pandora Mirabilia desarrolla desde hace cinco años cursos de Empoderamiento digital con el objetivo de acercar las TIC a mujeres de diversas edades y contextos que no han tenido acceso al mundo digital y quieren superar esa brecha. Para Marta Monasterio, socia de la entidad cooperativa, los beneficios son múltiples: “No se trata sólo de fomentar el acceso de las mujeres a la información, al conocimiento y a la cultura disponibles en internet sino sobre todo de contribuir a que las mujeres hagan suyas las herramientas digitales para que generen sus propios conocimientos”.

Tomar el control de la tecnología, integrarla en su vida y hacerla propia son mecanismos que favorecen la interrelación de las personas en su sociedad y la vida personal, social y laboral de las mujeres. “En algunos cursos ponemos el énfasis en que las mujeres aprendan a comunicar sus propios negocios, a diseñar sus webs, a difundir sus mensajes. En otros, el acento recae en la necesidad que las participantes tienen de relacionarse con sus semejantes. Otras veces, nos centramos más en la experimentación y en la creatividad que las tecnologías nos permiten. Depende de las preocupaciones y los intereses de las propias mujeres”.

 

¿Por que grupos sólo con mujeres?

“Si lo que pretendemos es reducir la brecha digital de género, tenemos que hacer grupos específicos de mujeres. Porque si tú difundes un curso en genérico, precisamente por esta brecha aparecen 75% de hombres y sólo un 25% de mujeres”. Esta es una de las razones que Padilla esgrime para explicar por qué en sus formaciones priorizan la participación femenina.

Para Monasterio, además, el trabajo entre mujeres resulta especialmente empoderador para todas: “Los espacios sólo de mujeres generan un clima de mayor confianza entre las participantes, en un terreno en el que se sienten inseguras. En estos cursos se crea un ambiente de confianza y seguridad propicio para el empoderamiento personal y colectivo. El apoyo entre mujeres, la complicidad que tienen unas con otras, potencia todos los beneficios del aprendizaje en muchas dimensiones, no sólo el tecnológico, sino también el emocional, personal y grupal”.

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