Patologizar la transexualidad, causa fundamental de la soledad no deseada. 

El próximo 20 de octubre se celebra el Día Internacional de Acción por la Despatologización. Desde el Grupo Cooperativo Tangente queremos visibilizar y aportar nuestro granito de arena dedicando una serie de reflexiones y consideraciones en torno a la soledad no deseada y las personas trans. 

  • Existe un gran desconocimiento sobre lo qué es la transexualidad, cómo abordar la diversidad y cómo desmontar los estereotipos generados en torno a las personas diferentes a lo que se ha establecido como “normal”. 
  • Hasta hace muy poco tiempo, la transexualidad se consideraba un trastorno mental, y por tanto, las personas trans eran catalogadas como personas enfermas con el correspondiente peyorativo social, sanitario y psicológico. 
  • En esta dicotomía de hombre/mujer y de masculino/femenino, de la heterosexualidad y homosexualidad, las personas trans salen de la norma general, del imaginario normalizado de cómo deben ser los cuerpos, el género, los deseos eróticos o las identidades. Salirse de la norma te relega a una posición de invisibilidad, olvido y rechazo social.
  • Una persona trans vivirá un cambio en todos los aspectos de su vida, será un cambio visible y radical en un proceso personal largo en el cual es muy común la existencia del rechazo o negación familiar y/o de sus redes afectivas. 
  • Cambiarse el nombre es uno de los pasos más importantes para una persona trans. En la mayor parte de los casos requiere haber iniciado un proceso de hormonación con un endocrino/a y tener un diagnóstico de “disforía de género” por un psiquiatra. Ello sigue generando grandes controversias: primero porque no todas las personas trans quieren hormonarse,  y segundo, porque a lo largo de dos años de hormonación, tu nombre legal no va a concordar con los cambios de tu cuerpo, lo que suele generar una fuerte discriminación en todos los ámbitos de la vida, especialmente, en el laboral.
  • El mercado laboral ha estado prácticamente cerrado para las personas trans, lo que les lleva a situaciones de exclusión social muy extrema. La invisibilidad trans es tal que no hay espacio en la negociación colectiva para la seguridad  ni oportunidades para estas personas, viven con numerosas violencias cotidianas y en el mejor de los casos, no tienen espacio para la promoción laboral o llegar a puestos de poder. 
  • A esto añadir que muchos profesionales de centros educativos, sanitarios o especialistas no están preparados aún para trabajar con la diversidad. Muchos de ellos todavía tienen enfoques muy empobrecidos sobre cómo entender el género y el sexo, por lo que las personas trans reciben mucha violencia institucional. 
  • En el caso de jóvenes trans, el fracaso escolar, nerviosismo y soledad no deseada son características que suelen atravesar sus vidas. Descubrirse a sí mismo/a/e transgrediendo un sistema social, educativo y familiar que no recoge sus cambios y procesos personales, puede generar aislamiento social, violencia y bulling en las aulas. Gestos tan cotidianos como, por ejemplo, ir al baño, hacer uso de los vestuarios o cómo nombrarse o ser nombrado/a pueden ser especialmente violentos para una persona adolescente trans. 
  • Muchas personas trans se ven obligadas a inmigrar a otros lugares para empezar de cero debido al rechazo social, familiar y laboral. Pero ello no significa que sea fácil, debido a los problemas de discriminación laboral y social mencionados. 

Vídeo realizado en el marco del proyecto piloto Prevención de la Soledad no Deseada de Madrid Salud, que gestionamos desde Grupo Tangente.

 

 

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